Decía Miguel de Cervantes: “La derrota es el trofeo de las almas bien nacidas”.
Aunque se apaguen los latidos es un poemario que nace como respuesta a un mundo donde se premia al invicto, al de cara bonita, al impoluto que, como un maniquí expuesto en escaparates de falso brillo y falsas luces, obvia lo sucio, lo oscuro, lo costoso de una luz que, paradójicamente, solo llega a través de las sombras. Ese claroscuro que somos y que rodea, como una bruma, al misterio de todas las cosas hasta lograr la complejidad de un cuadro. Un cuadro que estaría incompleto si no se les da lugar a aquellas almas bien nacidas –aunque no sepan que lo son, y les oprima la derrota y no encuentren esperanza de victoria; aunque se apaguen sus latidos y no encuentren la pasión que anhelan–. La primera de las Cuatro Verdades del Budismo es que la vida conlleva sufrimiento. Empecemos, pues, por el principio.
Borja Ruano (Jerez de la frontera, 1995) estudió en 2013 en la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla (ESAD) y en NOIDENTITY Stuntman Team, donde ya comenzó a trabajar muy pronto como especialista de cine en algunas producciones. Dos años más tarde se trasladó a Madrid, donde se formó en el prestigioso Estudio Juan Carlos Corazza para el Actor. Una vez finalizado, siguió trabajando como especialista de cine y actor en series como Amar es para siempre y Glow and Darkness, y películas como La maniobra de la tortuga, Intemperie, Amor de madre, etc. Su carrera interpretativa siempre ha ido de la mano de la poesía, escribiendo desde incluso antes de comenzar sus estudios. Ya desde la niñez, le acompañaban los libros y, más tarde, gracias al oficio de actor pudo conocer y profundizar en grandes autores hasta poder encontrar, poco a poco y, a través de muchas lecturas, su vocación y pasión por escribir. No ha sido hasta ahora que publica su primer poemario.